viernes, 10 de agosto de 2007

Los doce demonios de Ingmar Bergman, Carmen Villamar Mir


ABC, España, 8 de agosto de 2007


Se ha escrito mucho sobre «los demonios de Bergman». Una frase o cliché, que aparece constantemente en las biografías y artículos sobre el director sueco. También hemos podido ver plasmadas en las películas algunas de las grandes obsesiones bergmanianas provocadas por esos demonios, como la angustia sobre la muerte y las dudas sobre la existencia de Dios. El propio Ingmar Bergman ha comentado que «no ha pasado un solo día de mi vida sin que me torturaran mis demonios personales». También ha explicado en alguna ocasión que puede ver a esas figuras de día, a plena luz y que aparecen «con el único objeto de torturarme».
A la vista de esos sentimientos es fácil imaginar que toda su obra ha sido una especie de terapia sobre los diferentes estadios de su angustia. Sin embargo, nunca hasta ahora, y únicamente después de su muerte, hemos sabido cuáles son esos diablos, condicionados por el severo clima religioso de su padre, un pastor luterano puritano y austero, que le han atormentado de día y en la madrugada de sus noches de vela.

Cuartillas cuadriculadas
Entre unos papeles del importante legado que deja Ingmar Bergman en su casa de Fårö, se ha encontrado una cuartilla cuadriculada, escrita a lápiz por el cineasta, en la que enumera y clasifica sus famosos demonios. Se trata de una nota muy sencilla para poder citarlos, uno a uno, durante la entrevista que concedió poco tiempo antes de morir a la periodista Marie Nyreröd.
Enumerados del uno al doce, al lado de cada uno de sus torturadores, Bergman ha escrito algunas explicaciones ad hoc. Aunque son personajes que no producen miedo al lector, los pensamientos que generaban diariamente esconden una inevitable angustia y motivos suficientes para atormentar los días y horas del director sueco.
Son doce en total y, aunque algunos denuncian algunos rasgos hasta ahora desconocidos del carácter del famoso cineasta, ninguno se refiere a su apetito sexual o formula deseos oscuros.
1. El Demonio de las Catástrofes: «Un constante sentimiento angustioso de que se acerca un inevitable desastre».
2. El Demonio del Miedo: «Todo me da miedo; tengo miedo de la oscuridad, de la soledad, de los lugares desconocidos. Siento un constante y pavoroso temor a la gente, a los animales... incluso a los insectos».
3. El Demonio Profesional, «que me obliga a trabajar de una forma que no deseo».
4. El Demonio al Fiasco. «A no conseguir éxito con cada una de mis obras antes del estreno».
5. El Demonio de la Ira: «Tengo un humor endiablado, soy capaz en cualquier momento de cometer una locura».
6. El Demonio del Control: «Controla todo lo que pienso, digo y hago».
Tras estos seis «demonios», Bergman enumera los subdemonios, «tan molestos como los primeros, ya que no me dejan vivir en paz y me obsesionan desde muy pequeño»:
7. El Demonio de la Pedantería.
8. El Demonio de la Puntualidad. 9. El Demonio del Orden.
10. El Demonio de la Pereza.
11. El Demonio del Rencor. («Nunca olvido una ofensa»)
12. El Demonio del Aburrimiento.
Al final de esa lista escribe Ingmar Bergman «El Demonio Cero», que representa la muerte, el vacío interior: «De ser algo y alguien, a no ser nada».

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